miércoles, 23 de enero de 2013

Editorial



                revista literaria 

con voz propia nº 53 – enero 2013


                                  publicación creada en noviembre de 2006
                                         distribución y publicación gratuitas

  

Mantén las manos abiertas y todas las arenas del desierto podrán pasar a través de ellas. Mantenlas cerradas y todo lo que podrás sentir será un poco de arena.
Taisen Deshimaru

-- 


La lista de lo necesario

Conozco muchos que andan por ahí con la lista
de lo que necesitan.
Aquél a quien la lista es presentada, dice: es mucho.
Mas aquél que la ha escrito dice: esto es lo mínimo.
Pero hay quien orgullosamente muestra
su breve lista.


De todos los objetos

De todos los objetos, los que más amo
son los usados.
Las vasijas de cobre con abolladuras y bordes aplastados,
los cuchillos y tenedores cuyos mangos de madera
han sido cogidos por muchas manos. Éstas son las formas
que me parecen más nobles. Esas losas en torno a viejas casas,
desgastadas de haber sido pisadas tantas veces,
esas losas entre las que crece la hierba, me parecen
objetos felices.

Impregnados del uso de muchos,
a menudo transformados, han ido perfeccionando sus
formas y se han hecho preciosos
porque han sido apreciados muchas veces.

Me gustan incluso los fragmentos de esculturas
con los brazos cortados. Vivieron
también para mí. Cayeron porque fueron trasladadas;
si las derribaron, fue porque no estaban muy altas.
Las construcciones casi en ruinas
parecen todavía proyectos sin acabar,
grandiosos; sus bellas medidas
pueden ya imaginarse, pero aún necesitan
de nuestra comprensión. Y, además,
ya sirvieron, ya fueron superadas incluso.
Todas estas cosas me hacen feliz.


Bertolt Brecht
Alemania, 1898-1956
De Poemas y canciones. Alianza Editorial, Madrid, España
Traducción: Jesús López Pacheco y Vicente Romano


--  

Nada se va hasta que nos haya enseñado lo que necesitamos saber.
Pema Chödrön

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                  revista literaria con voz propia
                  ISSN 2314-0275
                  Edición y dirección: Analía Pascaner
                  San Fernando del Valle de Catamarca
                  Catamarca – Argentina


Agustín Elías Jijena Sánchez


-Buenos Aires, Argentina-

Si vienen…

A Federico García Lorca y a mi fantasma por La Argentina

¿Cuáles ojos arrojaste ante la furia desatada,
sabiendo lo que los brutos iban a buscar?
¿En qué versos y brazos se te ocurrió pensar,
presintiendo que faltaba tan poco para la nada?

Si tú has lagrimeado, te prometo que lloraré,
pero si te has sabido mantener burlesco y entero 
ante ese disparo cobarde que tampoco yo quiero,
si te les has reído, te prometo que yo sonreiré.

Tú que conocías bien el poder de la palabra en poesía;
yo que sabiendo de tu historia no modifiqué mi destino,
aún si la Demagogia Dictatorial la próxima vez sí dispara.

Tú que en España has muerto por la necedad de un cretino;
yo que por Europa huyo de iguales brutos de mi trágica hora,
si vienen, estate a mi lado, Federico, ¡y hazme caer a tu sombra!


Buscándote para ir al Paraíso

Arrojé las ganas sobre la mesa de un indefinido café
ante la incertidumbre de si podrías hoy encontrarte
con toda la ofrenda de este ejemplar de nobleza varón
que de verdad quiere en este día brindar por amor.

Yo no lo sé si está lloviendo ni si has visto algo de sol
bastantes normas he cumplido al salir algo más cubierto
si importa casi poco y nada lo que se lleva sobre esta piel
cuando el único color que nos atrae es el de la desnudez.

El ardor que has encendido quema mis muertos romances
de la memoria que quiere reescribirse con alma de tus besos
edificando un paraíso donde no haya palabra ajena a nosotros.

Me sentiré adánico al tenerte hecha mía calmada en mis brazos
y aunque sepa que te convertirás en una perdición de manzanos
celebremos el origen animal de una pasión hecha por almas audaces.

Madrid


El reino de la confusión

Los policías romanos custodian a un papa alemán.
Un hindú fotografía a su pequeña mujer obligada.
Un oriental esquiva con miedo mi mirada occidental.
Una argentina protesta por el calor y el costo de las entradas.
Una minifalda sin bragas va perdida en exhibición por allí.
Unas gafas negras inglesas niegan la borrachera de anoche.
Ninguna pizza para guiris sacia bene a mi religiosidad.
Miles de artefactos registran a un dios que oculto está.
Me exiliaré de este pequeño reino y me iré a la Roma
para ir a la tumba de Ignativs en la Chiesa del Gesù;
allí con certera calma y real alma me arrodillaré para rezar
¡ay de Jesucristo nacido en un pesebre y muerto en la cruz!

Piazza San Pietro, Vaticanæ


Flecha de mí

A Leonardo Killian

¿Será mi cuerpo materia de arco griego
comandado en la guerra por un dios,
o sufriré ese talón de ser una deidad
entregada por igual al azar y al destino?

¿Verán mis ojos el recorrido de la historia
de la primer flecha que lancé en las Antillas?;
la que tensé con un beso en el instante final
previo al vuelo que defendió a mis hermanos.

Sé que arrojo versos como locas flechas liberadas
sabiendo que algunas clavarán mi propio corazón.
También sé que me anima un arquero que confunde:
dispara al aire pero al caer da en el blanco con precisión.

Zagreb


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Necesito de un amigo que reciba con gratitud mi auxilio, mi mano extendida, aún cuando eso sea muy poco para sus necesidades.
Charles Chaplin


Zulma Prina


-Buenos Aires, Argentina-

Sobre el amor

Dibujé
tus ojos
sobre una lámina fría
mi dedo
recorría el contorno de tu piel

Tu voz
al borde de las horas
como anclada a la orilla de mis sueños.

Intento acariciar los sonidos
que se abren hacia la estación de las lluvias
Y ella golpea
lenta,
mortecina,
casi
lastimando esta nueva soledad

Sin su traje de pájaros
gimen
los fantasmas del silencio…

Por momentos
se inclina sobre el extremo del verano
y adivina el llanto de otras soledades

Sube a la garganta
esta sed irremediable
de anidar en tu boca
de habitar en tus playas
de clavar este grito sobre la arena
Abrazar
el aire mojado de sal
y enredada en tu sino
hundir mi carne en la pulsión de tu sangre.

Puede ser que sepas…
¡quién puede decirlo!
de mi lento itinerario
de mis rutas heladas y mis sacos vacíos

Al límite de la nada
al margen del olvido
sigo tejiendo palabras
sobre esta inexplicable ausencia

Tal vez amor
un día
las alas de tus manos
me regalen un sol
que me hable de otras latitudes

Entonces

mi tierra
traerá tu nombre
como un dios impredecible


Mi poema

He aquí mi poema…
un susurro
de gesto infinito.
He aquí mi poema…
sobre esta tormenta ciega
instalo un diálogo vacío, en soledad, desleído.
He aquí mi poema...
un perfume áspero
sobre mi habitación desmembrada
dolor impiadoso
de un tiempo sin mañanas y sin niños.
Camino esta antigua soledad
por las ruinas del silencio.
Mi poema estalla
tras la risa incoherente de un límite
sin límites


Del libro Camino de palabras, en coautoría con José María Cervero. Septiembre 2012
  
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Cada cual tiene la edad de sus emociones.
Anatole France


Ada Inés Lerner


-Buenos Aires, Argentina-

Hacia el viernes

Me desprendo de los días inflexibles hacia el más tibio. Lo busco con curiosidad desplazada. Lo toco para verlo. Recorro el almanaque, lo miro rápido, el tiempo de ver, de haberlo visto, lo adivino fascinante, insaciable. Otras veces el camino va en sentido contrario. Es contradictorio como el deseo: en el momento en que el viernes empieza a acercarse, he atravesado el desierto, ya no sufro.
Sí, llega el viernes y el sol incendia el horizonte y muere; el cielo tiende al azul de la noche, y lo puedo adivinar sin quemarme los ojos.


El recuerdo

Estábamos los de siempre en el bar de la esquina. A punto de ser padre les pregunté:
-¿Alguno de ustedes presenció un parto?
- Hace más de veinte años, en mi taxi, cuando llevaba a una maestrita al hospital de Morón. - José aprovechó para relatarnos la historia de marras con lujo de detalles. - Elsa era una muchacha muy valiente, ayudó en su parto, me asombró su entereza, la preocupación y el amor que demostró por su hijo a pesar del sufrimiento y su escasa salud.
- ¿Por qué suponés que estaba enferma? - pregunté
- Falleció poco después abrazada a su bebé. - me respondió
“Gracias - pensé - por recordarme así a mi madre”.
Permanecimos en silencio, cada uno quedó anclado en algún momento del relato hasta que el patrón declinó las luces y apuramos el último café.
          

Mi espejo

Cuando pequeña me regalaron un espejo con un marco antiguo, una obra de arte; se dio entre nosotros un lazo muy especial. Si algo me ocurre mi espejo lo siente. Lo descubrí desde el principio. Yo tropezaba, y en él veía lágrimas. Me caía por las escaleras, él reflejaba en mi cuerpito, moretones y heridas. Al llegar a la adolescencia, mi primer noviazgo fue pobre, mi espejo lo reflejó; para consolarme yo apoyaba mis labios en su cristal y lo entibiaba, presa del deseo él se empañaba. Fue en esos momentos que mostró un rostro asustado. Un día, especialmente triste, decidí suicidarme. Él lo comprendió, y con voz temblorosa me preguntó: “¿Cómo piensas hacerlo?”. Acaricié el marco y antes de que pudiera reflejarme y liberarse, lo tiré por la ventana.


Apuntes de un fracaso

Y sí, ahí solía estar el señor López, sentado frente a mi escritorio; el saco en el perchero y las mangas de la camisa lenta y prolijamente llevadas hasta el codo: un hombre opaco bajo todas luces. Ayer él vigiló el reloj de la pared hasta que llegó la hora; ninguno de nosotros adivinó siquiera los oscuros callejones de su mente. 
Me parece verlo con el maletín, sale del casino prisionero de la fatalidad; no siente la mordedura del viento helado, no siente nada; no sabe hacia dónde se dirige, tampoco le importa; y sí, el señor López, por todo eso y por algo más con el saco en el perchero y las mangas de la camisa lenta y prolijamente llevadas hasta el codo había resuelto precipitar el derrumbe, porque él no cree que es posible reclamar un poco de justicia, ganar el curso del destino, terminó con su vida un viernes 13. 


El retrato

Me sorprende descubrirlo en esa fotografía; detrás de ese cristal. Lo he perdido y lo recupero aquí, en su retrato; la mano apoyada en el mentón, la sonrisa perdida en la distancia, la mirada enigmática.
Si, es él, una foto reciente digo, por el corte del cabello y el abrigo que delata el frío de este otoño de hojas que se amontonan en bultos marrones y amarillos.
Noto que el cielo resplandece, cobija a los niños en la plaza aunque esta mañana repicaron los tacos de sus botas en el canto rodado del sendero cuando apresurada furiosa la cólera galopó en su corazón.
          

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Evitad las decisiones desesperadas; pasará el día más tenebroso si tenéis valor para vivir hasta el día siguiente.
William Cowper


Marina Cecilia Kohon


-Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina-

de lo que se va dejando…

atrás el aire escamoso
la pisada sobre las migajas
ahora tengo ojos de ángel
de verdugo
puedo mirar el paisaje
como se mira a un lugar ajeno


del ejercicio del escriba…

Y escribir, escribir bajo el fleco turmalina del ocaso, ese punto donde mueren las vocales hasta desangrarse de palabras. Fundirse en el charco. Poder resucitar en las fauces de una aurora boreal, una espiral envolvente de expresiones que nos gire. No temerles. Abrirse a este cúmulo brillante entrelazando todos los pasados y presentes, exhumarse y zambullirse, tenderse y confiar… confiar que la gravedad ha desaparecido, que no habrá caída y que entonces las palabras fluirán como partículas de luz más allá de nuestros límites.


Misceláneas

Me revuelco
en el tinte del génesis
que congeló su gota
-una incrustación del segundo-
en el envés del nosotros

   *

A papá:

veinte años
es sólo una medida
del instantesiglo
una lámina incolora
que no me ha dejado
ni siquiera mover
tu foto de mí.

   * 

un hilo ígneo
se arroja al vacío
flagelando flores,
flameando arena entre espasmos azabache.
Se ven indefensos los pétalos fundidos en el mármol
y muy detrás tu sonrisa
como un dios hastiado
que observa.


de los territorios inasibles a la vera del Limay… 

       Entro por las fisuras
al territorio inalcanzable de la infancia
como se intenta alcanzar la nube
        igual de obstinada
aunque desaparecerá entre los dedos
esa pequeña imagen de mí que se ha ido.

No álamos junto a ese tramo del Limay
ni hojas crujientes en el bajo
no hadas de tules, no tortugas gigantes
cruzando la chacra -a paso de hartazgo- bajo el sol de las bardas
no hermanos escondidos detrás de los galpones
ni acertijos sobrevolando el chasquido de las piedras
no duraznos como soles
ni uvas, esos almíbares de abuela
entrándome y danzándome la nuca,
tampoco canteros de azucenas ni monstruos pertrechados
detrás de los manzanos
son sólo giros en la hamaca estática del tiempo
de una nena que juega juegos de a uno
y observa, distante
con su tercer ojo.


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Nos perdemos de muchas cosas en la vida sólo porque la mente no cree, sólo porque la mente tiene cierta actitud obsesiva y fija. Se abre sólo a ciertas cosas y luego se cierra.
Osho


Rogelio Ramos Signes


-Tucumán, Argentina-

Tarde de presagios

Algo extraño está por suceder.
Siento olor a tierra mojada
cuando abro mi pasaporte,
veo el encanecido color del viento
entrando en la despensa cerrada,
escucho el crecimiento de las plantas,
el insoportable ulular de las estrellas.

Algo difícil de explicar está por suceder.
Juego con tus huesos y se me hiela la sangre,
por decir “araña” siempre digo “Penélope”,
contagio de tristeza la alegría de los bailongos,
cocino a temperaturas bajo cero
el encendido carmín de tus labios,
entiendo la letra de los médicos.

Algo que no aparece en los libros está por suceder.


Movimientos relativos

Bajo la tenue luz del atardecer
el señor cura ha perdido el pelo,
no sabemos qué sucederá con sus mañas.
Una jovencita sin corpiño
          que hizo de Guillermo Tell
          en una fiesta escolar
pregunta si está nevando, pero nadie le contesta.
Los prestamistas del barrio
           insaciables
mueven sus primeras piezas.
Los peones rodean al alfil
mientras el alfil abre y cierra su canasta.
Por el blanco de las manos
sabemos que el talco no se ha perdido
y que los juglares de los nuevos tiempos
finalmente actuarán para nosotros
           aquí,
tras el ligustro, bajo la escalera.
Tiemblan los cristales de la trinidad.
El agente de prensa de la parroquia
sale a desmentir algunos trascendidos:
no es que el señor cura haya perdido el pelo,
sucede que ha crecido su tonsura
hasta dejarlo calvo.


Hablar en femenino

Con la puesta del sol no es el día lo que concluye
es la jornada de trabajo.
Es la manija de tirar la que cierra la puerta,
sea o no sea el picaporte.
Lo masculino del discurso
se desvanece en lo femenino de la palabra.
El asiento es la silla;
el anochecer, la tardecita;
el muro, la pared.
Si sabemos que el llanto está formado por las lágrimas,
que el cariño apela a las caricias
¿a qué tanto discurso tontamente disfrazado?
si los genitales del hombre, a veces,
también tienen nombres femeninos.
No hace falta dar ejemplos
cuando el habla es la lengua.
Si el velador y la lámpara conviven en el mismo oficio,
si el tema y la canción gozan de la misma música,
si el rostro y la cara ocupan idéntico espacio
¿a qué tanta expropiación?
¡Compañía, ciudadanos, compañía!
El badajo sin la campana sería un machete represor,
un palo de mortero, un pisapapeles sin papel.
Y vayamos concluyendo.
Cuando decimos el mundo ¿estamos refiriéndonos a la Tierra?

Poemas inéditos

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La vida no deja de ser cómica porque un hombre muera, ni deja de ser trágica porque un hombre ría.
George Bernard Shaw


Stella Maris Guibaudo


-Puerto Rico, Misiones, Argentina-

Un día, un peón

Era una tarde de verano, plomiza, húmeda, agresiva.
El zumbido casi rabioso de los insectos voladores presagiaba un temporal. De esos que acarrea a menudo el viento norte, en estas latitudes argentinas de frontera.

Las horas pasaban lentas y pesaban en el ánimo amodorrado de los peones, que aguardaban en el patio del patrón, hasta que éste decidiera levantarse del catre siestero, para autorizar el pago miserable, que cerraba el contrato verbal con la peonada.

Así terminó aquella jornada de tarefa agotadora, donde cada hombre daba de sí lo que podía, para juntar unos pesos y, al volver a sus pagos, entregar a la patrona (algunos) el producto de la rutinaria tarea.

Otros daban una parte y el resto se lo perdían entre juegos de azar, caipirinhas y alguna güaina joven, de esas que se inician temprano en el negocio del amor de compra-venta, casi única forma de trabajo para cierto sector marginal, en ciudades y pueblos afectados por la crisis globalizada.

La noche se instaló de lleno endulzando el patio con fuerte olor a jacarandá, en la casa de citas, negocio propiciado por una cultura arcaica, sin alternativas de cambio; y por la arraigada ignorancia y la miseria, a la sombra de un ambiente sin destino de grandeza.

El Juan sabía adónde iría a parar su jornal, apenas entibiado en el bolsillo trasero del vaquero, comprado esa misma mañana a unas paseras.

Se alistó “de domingo” esa noche, esmerándose un poco más que de costumbre en su aseo personal.
Sus ojos mansos y oscuros se iluminaron al mirarse en el trozo de espejo, que salvó de la basura tirada por la gringa de enfrente.
Leonida estrenaba uno nuevo, con marco dorado, recién comprado en un “Todo x dos pesos”.

La había pescado el otro día, mirándose las primeras arrugas con preocupación, la siesta que él salió para hacer una changa. Ni cuenta se dio. Tan absorbida estaba controlando cada línea que surcaba su frente, con intenciones de atacar sus ilusiones de conquistar todavía algún cincuentón. Muy pocos iban quedando libres en el pueblo.

El que se veía enfrente de sí lo miraba extrañado por tanta pulcritud.
Es que se asombraba de sí mismo al advertir la diferencia con el otro Juan, el de los ojos gastados por el acoso diario de un sol recalcitrante, en cueros y con aquellos retazos de pantalón agujereado por los fustazos de las pajas bravas, que apenas lo cubrían del azote de la intemperie.

Éste que lo observaba, casi divertido, era muy diferente. Tenía un aire de hombre ganado por el ansia de algo nuevo, merecedor de algún instante de una sonrisa rumorosa, convocadora de magia, para animar sus pocas horas de desvío, por un sendero de luces y sonidos encantadores, que le hicieran creer que era posible modificar esa dureza irremediable de una cruel existencia, despoblada de aquellas fantasías que mentía la tele.  


Publicado en Taller Museo Raíces. Puerto Rico, Misiones. Año 2000

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Cuando tu corazón está lleno de gratitud, cualquier puerta que aparece cerrada puede ser una apertura para una bendición aún mayor.
Osho


Graciela Wencelblat


-Buenos Aires, Argentina-


entrelazadas manos
oprimen el néctar
de las flores que
denuncian
al amor
se va o se queda?
cuantas veces
perdido
y siempre esperando
que renazca
otro amor
nacimientos 
que asombren
al dolor.

*  *  *


Encerrada en los muros
de la infancia
enlazada a una grieta del
                              tiempo
un paso y otro más
huellas que no borran las sombras.

Y el ojo sigue azul
la palabra silenciada
su pelo peinado por profundidades
en el campo de su nostalgia.
¿Extraviada?

A lo lejos cantan pájaros.

*  *  *


Bordo despedidas
en cada centímetro
    de   aire
en cada espera
de milagros que no
se producen.
Rugen
lloran
lastiman
las separaciones
algo punzante corta
la noche
corta el sol
aparecen todos los miedos.
Desde la niña
el pentagrama de la ternura
insiste /en crear algo
que sostenga
para resistir.

*  *  *


canta
como si fuera
toda la vida en ello
da tonos
envía notas
a las alturas del árbol
para escuchar como caen
sobre los rizos de la tarde
ella que canta
como la calandria
o el ruiseñor
se apega al viento
envuelve sus ramas
sus brazos con gasas
tornasoladas
se siente mágica
y espera
la llegada del tren
con ángeles y mariposas
que revolotearán en
la garganta de la noche.

*  *  *


----- Permitir que los cuerpos
se entiendan
en la hora de la sed
que no queden desnudos
de tiempo    de espacio
que la piel abra la puerta
de los imposibles
suaves gestos retengan
la ternura -su sabor-


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El destino tiene dos maneras de herirnos: negándose a nuestros deseos y cumpliéndolos.
Henri-Frédéric Amiel


Gonzalo Salesky


-Córdoba, Argentina-

Jamás

A veces sueño dormido y otras tantas exagero,
otras espero que alguien sepa hacerme despertar.
Debe existir una forma de encontrar en tu mirada
aquello que no me falta, pero no tuve jamás.

Sólo muero en tu sonrisa,
tu alma sigue estremeciéndome,
creo que la vida plena no llega para los dos.
Aún así siento que he dado
mucho más, hasta mis miedos,
pero sé que nunca es tarde para hacer algo mejor.


Arlequines

Como arlequines en el viento,
tu risa vuela y me acompaña.
Me envuelve y eleva en pleno otoño,
me hace crecer y madurar en el silencio.

Tal vez, anochezca para algunos
pero, mi amor, sólo tu amor me basta
para llegar al paraíso eterno en vida,
poder soñar despierto con tus ojos,
y así olvidar, del todo, aquellas lágrimas.


Naufragio

Estoy seguro de que guías mis pasos
hacia un lugar que todavía no conozco,
a ese refugio que construyo desde ahora,
aquel futuro lejano que avizoro.

¿Será un destino de naufragio exitoso?
¿Será otra pírrica victoria del amor?
Sé que es temprano para ver la luz del sol
y muy difícil seguir siendo tan poco.


Luz en el silencio

Buscando la mirada que me salva
aún trato de escapar de una y mil formas.
No quiero darme cuenta que la vida
es algo más que pétalos de rosa.

Siento que es suficiente con el ansia
para crear ese mundo perfecto
donde tu voz es lo único que existe,
donde tu amor es todo lo que alcanza.
Donde tu magia es luz en el silencio
y dulce hoguera, más allá de las palabras.


Sin culpa

Desviste tu vida… la quiero sin prejuicios.
No cubras tu alma, y la veré sin culpa.
No ocultes tu brisa, que escuche mi canción.

Sin tiempo espero descubrir todos tus sueños,
rasgar tu velo, tu olvido y caminar
allí donde nos lleve la locura.

Que tu sombra no calle estas ganas de amarte
y de tenerte para siempre en mi delirio,
en mi tormento, cicatrizando las cruces del reloj.


Del libro Presagio de luz. Córdoba, febrero 2011


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Quisiera preguntárselo todo, pero no puedo, no sé cómo hacerlo, qué es ese misterio de lo que quiero de ti, qué es el hombre o la mujer, el amor, qué quiero decir con amor; por qué debo insistir y preguntar, y por qué me voy y te dejo.
Jack Kerouac


Osvaldo Hueso


-Buenos Aires, Argentina-

La gotera
  
Escuchándolo no parece creíble pero, por la edad del hombre, es respetuoso creerle. Dice que en Pueblo Seco, a unas pocas leguas de acá, todo comenzó con una gotera.
Sucedió en el rancho de Don Secundino, dice que al viejo lo despertó un golpecito en el medio de la pieza, que también hacía de cocina, y que como el ruido no terminaba, decidió levantarse.
El piso de tierra era un barrial. Las alpargatas flotando con los bigotes haciéndole de alerones, viajaban por la pieza. Las chapas estaban buenas, era imposible que hubiera pasado el agua, pero la gotera estaba y seguía cayendo. Esperó un rato porque no sabía como llegar hasta la puerta sin embarrarse. Se le fue un par de horas, era de pensar lento.
Cuando se bajó del catre, casi tuvo que nadar. El agua le llegaba a las rodillas. Embarrado y mojado abrió la puerta, el agua salió rauda hacia el campo.
¡No llovía! Ni una nube y el sol, brillando como nunca.
Dice que Don Secundino no salía de su asombro, ni entraba en su entendimiento la gotera sin lluvia y a pleno sol; pero la gotera seguía.
El agua se fue desparramando a campo traviesa por todo Pueblo Seco. Los alambrados quedaron cubiertos. Las vacas flotaban y mugían haciendo gárgaras.
Al rato pasó el caballo de Aparecido Reinoso, con las orejas tiesas apenas fuera del agua, que seguía subiendo. La gotera no paraba bajo el sol brillante de casi el mediodía.
El pueblo se fue tapando. Apenas el mangrullo que había servido para avistar a la indiada asomaba.
De Pueblo Seco no quedó nada. Nada seco. “Pueblo desaparecido” dice el viejo, que le pusieron los que escapaban, agarrados a los troncos desprendidos del mangrullo cuando cayó.
Me parece muy fantasioso lo de este viejo… y además no sé como llegó él hasta aquí. Mojado, está.
No sé si creerle esto de la gotera. Pero, fijándome bien, allá, a lo lejos, en la loma, estoy viendo como un hilito de agua, que se viene acercando…       


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Lo que nos hace sufrir nunca es una tontería, puesto que nos hace sufrir.
Amado Nervo


Perla Chirino


-La Rioja, Argentina-

Cansancio

Cansado está mi corazón
De tantas agonías!
Ver morir el sol es la rutina
De una esperanza que fenece junto al día…
O sorber, a veces,
Un amarillo amanecer de sol.
Otras, uno blanco de nubes
Encapotando el cielo…
Y nada ocurre…
Más que yo misma,
Tratando de vivir mis horas
Con el placer
De escribir un verso
o plasmar en mi piano
Una canción lejana.
O bailar con la música en el alma
Riendo y llorando al mismo tiempo.
Como pañuelos de sutil textura
Así van mis sueños en cadena
Arrastrándose en deseos
Y amontonando esperas…
Dormiré con mis sueños nuevamente
En auroras inquietas de lloviznas
Y hallaré en el crucial momento más perfecto
Esa paz que me llena todavía.


Estío

Ocasos maduros de soles
transitan los días del estío.
Cristales de arco iris
encienden los oxígenos del agua.

¡Todo es un armónico mensaje!
De la chicharra inocente
cuya voz invoca,
de la cálida burbuja de la tarde.
De la piel que se aquieta
en el latido.
Del grillo cantor de los silencios,
y del amor, que pálido se entrega.


El ausente

Desde la hondura misma
de su vagar sin rumbo… ¡olvidado!
camina entre la gente…
mascullando recuerdos,
retejiendo nostalgias…
Inquieto, absorto,
entre la muchedumbre
¡se estremece ante algún beso,
y la emoción riega una lágrima
si hay dos seres que se abrazan!
Camina entre mil flores
tiñendo de fantásticos colores
sus temblorosos pétalos.
Vuela con las aves en el cielo
dibujando sendas peregrinas.
Recala en la inocente
ingenuidad del niño
que se aferra tierno
de su lumbre.
Y enceguecido
vaga por el mundo
profanando oscuros laberintos
para colmar de luz
¡tanta miseria!
¿Sabes quién es,
que ni yo puedo encontrarlo,
porque ausente
lo ha declarado el mundo?
¡¡Es el AMOR!!
llama y crisol,
generador de vida!
que con marca y señal,
puede salvar al hombre
de su muerte
y nunca jamás estar ausente!


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Sólo puede ser feliz siempre el que sepa ser feliz con todo.
Confucio