domingo, 20 de noviembre de 2016

Editorial




revista literaria con voz propia nº 73

                 noviembre 2016

   - cumpliendo 10 años en la web -


                          publicación creada en noviembre de 2006
                             distribución y publicación gratuitas
                                 Inscripción: ISSN 2314-0275




“Debo estar diciendo esto con un suspiro
de aquí a la eternidad:
Dos caminos se bifurcaban en un bosque y yo,
yo tomé el menos transitado,
y eso hizo toda la diferencia.”

Robert Frost, de El camino no elegido



La revista literaria con voz propia cumple 10 años y aquí estoy brindando parte de mi corazón, luego de decidir por el camino menos transitado. Camino áspero y algo oscuro en sus inicios, camino que ahora percibo liviano y colmado de afectos.
Hoy sólo quiero agradecerles por acompañarme en cada edición, por su cercanía, por la confianza al enviarme sus colaboraciones. Gracias a mi familia y a mis amigos personales, quienes en ciertos momentos, me recuerdan que vale la pena seguir. Muchas gracias por permitirme llegar hasta ustedes, por estar allí… del otro lado de la pantalla.
Las voces de ustedes, escritores, le dan vida a esta publicación literaria. Yo tan sólo reúno esas voces.
Reciban mi abrazo cálido y mis deseos que podamos transitar cada día con armonía y serenidad, apreciando las pequeñas-enormes satisfacciones recibidas a cada instante.
Que tengamos un año pleno de alegrías y bendiciones. Que sea un buen año para todos.
Analía Pascaner




Sé una lámpara o un bote salvavidas o una escalera. Ayuda a curar el alma de alguien.
Rumi




Desiderata (Del latín: “cosas que se desean”)
Max Ehrman

(…)
Tú eres una criatura del universo,
no menos que los árboles y las estrellas,
tienes derecho a existir,
y sea que te resulte claro o no,
indudablemente el universo marcha como debiera.
Por eso debes estar en paz con Dios,
cualquiera que sea tu idea de Él,
y sean cualesquiera tus trabajos y aspiraciones,
conserva la paz con tu alma
en la bulliciosa confusión de la vida.
Aún con todas sus farsas, penalidades y sueños fallidos,
el mundo es todavía hermoso.
Sé alegre.
Esfuérzate por ser feliz.




El ser humano no es libre de elegir las circunstancias, ni lo que le pasa, pero sí­ es libre de elegir cómo encarar la situación. 
Viktor Frankl




             revista literaria con voz propia
             Edición y dirección: Analía Pascaner
             San Fernando del Valle de Catamarca
             Catamarca – Argentina




De no estar tú, demasiado enorme sería el bosque.
Kobayashi Issa


Autores publicados


revista literaria con voz propia nº 73

    noviembre 2016

                 - 10 años en la web -
                    
          autores publicados en esta edición: 


- Gloria Mazza
- Analía Pascaner
- Eduardo Dalter
- César Bisso
- Viviana Walczak
- Ada Ortiz Ochoa
- Azahara Casanova
- Andrés Bohoslavsky
- Carlos Penelas
- L. E. Torres
- Martha Goldin
- Juan Ramón Jiménez Simón
- Ana Barchuk de Rodríguez
- Álvaro Acevedo Merlano

--
Todos los autores, desde inicios de la revista con voz propia, en:



             revista literaria con voz propia
             Inscripción: ISSN 2314-0275
             Edición y dirección: Analía Pascaner
             San Fernando del Valle de Catamarca
             Catamarca – Argentina


Gloria Mazza


Al abrigo de tus ojos

Me quedo en tus pupilas,
              deshilo paseos.
                creo,
                  muerdo,
con sangre en mis labios.
Y calzo en tu corazón.
Y me recuesto en tus plegarias de primavera
                  inertes por colores estampados en memorias.
Y me amarro al grito de tus ojos.
Y me hago perdurable
                    porque creo en lo próximo,
Y digo sí.
Y hago escala en tu bálsamo.
Y me derramo a tu semblanza.
Y me despierto en la realidad de tu dibujo.
Y soy miel en tus venas.
Y soy sol en tu nube de tristeza.
Y soy el mañana en tu ayer.
Y soy esperanza en tu pérdida.
Y me hice tamo eterno en las incómodas pruebas de la duración,
       para creer que las lágrimas nunca volverán a mis ojos.
          para verte sonreír en un segundo
             corrido de la realidad post-moderna.


Gloria Mazza
Nació en Fraile, Jujuy. Reside en Marcos Juárez, Córdoba, Argentina

Analía Pascaner


Nota personal:
He decidido que este texto me acompañe en la edición aniversario, por tal motivo reitero su publicación.


                A GP, en mi recuerdo


El gris de sus ojos resplandece. Sus palabras surgen a borbotones. Sonríe. Su mirada adquiere un color picaresco y vuelve a ser ese niño expectante, mirando el horizonte desde el andén pegado a las vías. Tiene urgencia porque sabe que ese recuerdo no debe esfumarse: su abuelo llegando en un carro tirado por dos caballos, los cinco centavos tintineando antes de deslizarse desde manos enguantadas, la carrera de los hermanos hasta la heladería del pueblo. Instantes más tarde su mirada se torna transparente y se pierde en algún rincón impenetrable. Ya no hay conexión posible.
Generoso y solidario, decidido e inquieto. Brillante y sagaz, inteligente y ágil. Perfeccionista e implacable, la gente de su entorno sabía el precio a pagar al escurrirse algún error. Se postergó cada día priorizando su trabajo, para dar una vida digna a su familia.
Nunca permitió aflorar sus sentimientos. Jamás una lágrima rodó por sus mejillas jóvenes. Su alma sensible aprendió a callar. Sólo quienes comprendían la expresión de sus ojos grises, sabían de su pena o su alegría.
Los años cayeron encima suyo. El tiempo dibujó severas grietas en su frente ancha.
Las ropas oscuras contrastan con su palidez. Sus dedos delgados parecen enredarse entorpeciendo los movimientos de sus manos pulcras. Su corazón gastado por el amor a una mujer. Su mirada y sus palabras denotan desazón por este mundo, mientras protesta: no sé adónde vamos a ir a parar…
Su piel es un traje demasiado grande y lo tolera en silencio y con pesar, viendo transcurrir sus días desde una ventana, entre naipes solitarios esparcidos sobre un mantel raído, naipes tan solitarios y ajados como él mismo.
El desánimo acompaña sus pasos. Se siente viejo y agobiado, ya no tiene ilusiones ni sueños, algunos proyectos se concretaron quedando otros muy atrás en el camino. Su mirada y su mente dejaron de brillar hace tiempo.
Sólo espera. Sabe que algún día llegará ese momento en que descansará para siempre de esta vida que tanto esfuerzo y sacrificio le costó andar.


Analía Pascaner
Nació en Buenos Aires. Reside en Catamarca, Argentina

Eduardo Dalter


Paisaje de baldío

Estamos en este raro punto de equilibrio,
como una mata silvestre en un baldío,
bajo el sol, bajo el viento y las lluvias,

y cuando se anuncia un año de langostas;
un año, quién sabe, de meses entrecortados
y de semanas que hacía tiempo no venían.

Pasaron los días, el resabio de los días,
las revoloteadoras polillas y el hedor que
se deslizó lento por debajo de la puerta.

Sufrimos como un remate de algo, una
invasión, un revés del aire, un frío y triste
aturdimiento, que ya dibujan un paisaje

íntimo, un terraplén, un charco, un
cruce, y una melodía que trae nuestras
notas y que quiere decir algo, algo…


Llegan los ceos

Así como un extranjero necio que se
      va apropiando
de todo lo que alcanza a ver o a
      imaginar,
con esas miradas, entre omnímodas
      y lascivas,
y oliendo fuertemente a aire cerrado
      y a colonia,
en la mañana entraban a los edificios
      y miraban
los altos techos, los portales abiertos,
      las alfombras…


Welcome

Los funcionarios nacionales
      van a la Embajada
a confesarse, a derramar
      cuitas grossas
de familia, furtivamente,
      haya sol,
haya granizo, plomo, gas
      o nubes
bajas. Van a la Embajada,
      Dios,
¡por Dios!, van, van
      a la Embajada,
como un agua sucia que
      extravió su río,
van historia en remís negro
      a la Embajada,
también para este poema
      estremecido,
sin tregua ni brillo ni final.


Del poemario del autor: 23 POEMAS/ La hora de los zorros, de próxima aparición

Eduardo Dalter
Buenos Aires, Argentina

César Bisso


Siesta

Galope sediento de sol,
crujiente silbo en adobe,
picoteo de calandrias
en horquetas ardorosas.

Un niño agradecido
está solo y juega.
Hilvana sueños
con hilos de la orilla.


Zarpazos

Tras cada golpe de espuma
un puño de gorriones
atrapa al sol en sus pequeñas alas.

Fosforecen las escamas de los peces
en la blandura del cauce,
donde las redes no acechan
y la luz se ahoga entre zarpazos de agua.

El río es otro sol que alumbra desde abajo.


Una tarde de otoño

Mirá bien alto, que viene la sorpresa.
Levanto los ojos y miro, y busco.
Y busco, y miro. No encuentro nada.
Tranquilo Cesarín, que ya llega.
Y vuelvo a mirar, con ansiedad de niño
que desea un regalo del cielo.
Ya viene, ya viene, dice mi abuelo.
Y salto otra vez, abro los brazos,
como un crucifijo enrevesado.
De pronto, golpe a golpe,
la pelota de caucho rebota por el tejado,
bailotea entre canaletas
y cae, como un relámpago,
entre mis manos.

al abuelo Miguel, i.m.


César Bisso
Nació en Santa Fe. Reside en Buenos Aires, Argentina

Viviana Walczak



El arte de envejecer es el arte de conservar alguna esperanza.
André Maurois

El viejo Anselmo

La fastuosa casa tenía la luz encendida en todos los ambientes. Al lado del gran ventanal, estaba sentado un anciano de mirada distraída. A sus espaldas, una mujer lo observaba con detenimiento, preguntándose cuántos años tendría.
- Ochenta o tal vez, algunos más… Tiene la cabeza cana y las manos ligeramente temblorosas aunque, todavía, conserva el porte erguido - pensó dubitativa.
De improviso, el hombre se dio vuelta y dijo, como si le hubiera leído el pensamiento:
- Todavía no soy tan viejo como supone, Leticia…
Sorprendida, la doméstica, se apresuró a pasar la franela por el estante de la biblioteca, fingiendo una indiferencia que no sentía.
- Disculpe señor Anselmo, no quise fastidiarlo. Me acerqué porque me preocupa su salud.
- Su presencia no me molesta en absoluto. Al contrario, me da la oportunidad de conversar con alguien porque hoy la casa, ha quedado vacía de sonidos. Mi hija, no volverá hasta mañana y mi único nieto, estará con su novia todo el fin de semana. Le comento estas cosas porque hace pocos días que trabaja aquí y, todavía, no conoce bien las costumbres - agregó él, con voz pausada.
- Pobre viejo, solo y deprimido, no va a durar demasiado tiempo - rumió para sí la fámula, mientras que, con un dejo de lástima, le preguntó:
- Le sirvo una sopita señor Anselmo, así podrá acostarse temprano?
- Otra cosa que deberá aprender Leticia es que, cuando el gato no está, los ratones bailan… Por favor, prepare café y coñac porque esta noche, mi amiga Dorotea, vendrá como siempre cuando me quedo solo. A pesar de sus años es una linda mujer, un verdadero “boccato di cardinale”!


Del libro de la autora: La curandera de Ibicuy. Creadores Argentinos, Buenos Aires, 2009

Viviana Walczak
La Lucila, Buenos Aires, Argentina

Ada Ortiz Ochoa


Abuelo

Me gustan por su inocente colorido,
los manteles y los platos en la mesa cotidiana.
Me gusta tu noble presencia, abuelo querido,
junto a la alegre algarabía de tus nietos.
Me inspiran respeto tus manos temblorosas,
la mancha de caldo que desluce mi mantel,
tu sonrisa de disculpa, tu mirada temerosa,
tu corazón anciano se vuelve de papel.

Cierro los ojos para evocarte en mi memoria
y esta realidad se hace lejanía,
te veo nuevamente gallardo y decidido,
trabajo, amor y nido,
todo eso, era entonces poesía.
El sol a sol de tu jornada te alegraba,
el torrente caliente de tu sangre se imponía,
cuando el instante del abrazo se acercaba
y el amor junto a tu pecho sonreía.

Hoy la nostalgia pone silencios en el alma
y opaca tu mirada de sueños ya vividos.
¡Es tan sabia tu palabra cariñosa y calma,
cuando repites incansable
tus historias más queridas!
Quiero decirte gracias y no sé,
hacerlo…, ¡cómo!
atino a ofrecerte reverente mi silencio,
ser partícula pequeñísima del humo…,
de un cigarrillo olvidado
que esfuma tu presencia.


Ada Ortiz Ochoa
Sierra Grande, Río Negro, Argentina


Azahara Casanova


Los títulos cuajados, una minoría en el talón y el cambio de
Guardia para el cambio de rumbo

Existe
un pequeño surco atravesado de aspas
que volvió del olvido
para
diversificar el aliento,
distribuir el color
suponer el sonido del eco,
abierto, cuajado y devuelto a su
original pieza visual.

El deleite, distingue
el final de la cola.
La espera que comienza
a latirte en Aquiles
necesita un pequeño golpe
para
destruir lo único aparente.
No necesita más.
Un color que chille,
una minoría más,
un soliloquio lo más ajustado posible.

Un disparo
de armaduras y amantes
entrevistados, desvestidos
arrogantes y sinuosos.
Necesita
puntos en común del campo visual
y el maestro de las llaves pulidas
cambiando el rumbo en
el cambio de guardia.


Homenaje a. De lo sinestésico de estos paréntesis

Si quieres puedo
explicarte de dónde emerge
la fuerza del mar(l)
o
el lugar exacto
desde el que toma el espíritu
la potencia de la tierra

(Sin embargo, conoces mis reticencias al respecto).

Ese hueco pudiera ser un momento
lúcido de insomnios
espacio en blanco entre los más inhóspitos ríos
(homenaje sinestésico a los clásicos)
o
suspenso sintáctico.

Quizás agregue a la explicación
alguna vez
vacíos, profundidades y
parte de esta destilación impertinente,
vocabulario aprehendido,
cumbres directivas hacia
los estancos lirios de la pérdida.
(Con todo, sigues siendo consciente de que no es necesario).


Azahara Casanova
Valencia, España

Andrés Bohoslavsky


El geriátrico

                          Donde quiera que vayas, ve con todo,
                          lleva siempre al lado tu corazón.
                          Confucio


Los domingos acompañaba a mi amigo a visitar a su abuela, que como el resto de los ancianos, se encontraba en un lugar llamado geriátrico, pero a mí me resultaba más parecido a un depósito de viejos, con rasgos de campo de concentración moderno, o una variante de los zoológicos, que en lugar de chimpancés y leones enjaulados, aquí el formato era en estado natural y sin rejas, donde los exhibidos eran seres humanos.
El dueño del zoo, perdón, del geriátrico, se volvió millonario a raíz de esta actividad y otras dos también exquisitas: prestamista y reconocido proxeneta.
Mi mente lo fue ideando de a poco, moldeando en silencio, domingo a domingo, conociendo el dato de que los abuelos partían ese lunes en un tour a la fría Necochea, en plena temporada invernal, entré de madrugada al lugar, entramos mejor dicho, mi gatito Sasha y yo. 
Rocié todo con nafta incluido el descapotable del tipo, encendí el fósforo que inició el incendio y escapamos en la oscuridad, tan sigilosamente como habíamos llegado.
Esa noche dormí mejor que nunca, como un ángel caído que trae justicia a un mundo cruel, un anti-sistema de los sin voz. El mundo se redimía con mis actos, con los actos de un héroe anónimo del cual nunca nadie sabría nada.
Me levanté y encendí el televisor que informaba de la tragedia, los ojos de Sasha hablaban al mirarme: treinta y nueve abuelos fallecieron en el incendio.
El viaje de los abuelos era el lunes, pero no ese sino el siguiente, debido a un cambio de planes de último momento, entendí en ese instante que el infierno está tapizado de buenas intenciones. El velatorio movilizó a la ciudad completa, el dolor era terrible y todos lloraban desconsolados, todos menos el tipo que sufría en silencio por el fin del negocio y su descapotable derretido.
Socavado en mi conciencia como el personaje central de Crimen y Castigo, me entregué confesando todo, me declararon insano y paso los días en este neuro-psiquiátrico, para el que también mi mente y la de Sasha forjan planes.


Andrés Bohoslavsky
Desde algún lugar del mar


Carlos Penelas


El pájaro de las alas errantes

Me paseo con mi boina azul comprada en Compostela
Llevo un echarpe rojo comprado en Bolonia
En la mano sostengo una pipa que amé en Casablanca
En el bolsillo guardo la tabaquera con tabaco holandés
De tiempo en tiempo evoco el puerto de Valparaíso
Miro un viejo billete con la imagen de José Pedro Varela
Tengo una alforja de colores traída de Salta
Y unos fósforos de cera que encontré en el Paseo de la Castellana
Evoco la mirada de una mujer en la niebla
Otra mujer de cabellos ondulados asomada al cristal
La fotografía de un niño con un moño azul
Una moneda celta un mosquetero una pitonisa
Evocan el vizcondado de Béarn en este otoño
Un eclipse como una alegoría en Plaza San Martín
Siempre hay un tren y un asiento abandonado
Siempre lluvias y pasión y caricias en el desorden
De una muchacha espléndida bajo el sol
La imagen del Museo Romántico en Trinidad
Una carta de un poeta rebelde de Asunción
Hay habitaciones con abanicos huérfanos
Vociferaciones en la ausencia desprendida de la noche
El agua golpeando peñascos y una música de jazz
También un pájaro de alas errantes en un bosque
Figuras mitológicas en un libro de Émile Genest
Y mascarones de proa azules en un museo olvidado
Hoy me siento libre e invisible por las calles

Buenos Aires, agosto de 2016

Carlos Penelas
Buenos Aires, Argentina

L. E. Torres


La hora negra de Ducasse

A Juan David López,
Poeta de las hondas sublimidades,
Con quien tejí esta angustia a través del sueño.

Amigo mío, por ser tan soñadores
Es que nos acusan peor que a criminales.
Acaso nos decantamos hacia una herida bohemia
Que sangra los días implumes del mañana,
Acaso se lanza algo abierto
En cuya espiral un lisiado arrastra su casa en ruinas.

El mundo se inclina, -¡qué pesar!-
Escupe la moneda vieja, -¡qué pesar!-
Y continúa a toda prisa su turno sin fondo.

¡Mundo huérfano!
Presente abismo, sin rostro, sin certeza.
El lisiado ahora es más tristeza que hombre.
-¡Esta fruta ya no nos sabe a nada!



¡Porque me desvanezco ante tus ojos!...
Y es que caigo solitario y rendido,
Embriagado, amor mío, ante el sonido
De rosas que se tañen en tus ojos.

¡Oh, baja tu mirar a mis despojos!
Y cuéntame si seré redimido
Por ese rico beso enrojecido
Con el terrible ardor de tus arrojos.

Tu silencio de perfume embriagante,
En mi hondo delirio, más me hacer perder.
Y siento que tu embrujo alucinante,

Los días que eran negros los hace arder.
Calcina con tu roce fulminante
Mis ansias, y en ti déjame perecer.


L. E. Torres
Colombia

Martha Goldin



La madre mece la cuna. De pronto lo alza.
El es tibio y dulce como la miel.
La madre lo sabe. Lo siente.
Se levanta y lo acuna mientras canta muy suave.
La madre piensa que un día será grande y se irá lejos.
¿Por qué piensa eso la madre? ¿Qué intuye?
De pronto cae la noche, las sombras avanzan sobre la ciudad.
El tiempo también.
La madre está sentada, con las manos vacías y una extraña tibieza en el corazón.

*  *  *

Hermosa Beach-Los Angeles

Sobre la Avenida Aviación cada tanto una bocina. En el silencioso andar de los vehículos sólo un ligero rumor.
Me asomo. El Pacífico atraviesa a lo largo mi mirada.
Me atrae y atrapa como un enamorado.
Es azul y cae sobre la playa abandonando su espuma de utopía cansada.
Cierro los ojos, estiro la mano y subo decidida a mi bote de sueños.
Desde la ventana del hotel me miro, me hago señas, me digo que no arriesgue navegando un mar tan impredecible.
Pero mi bote es rebelde. Tiene una larga historia de luchas. Está hecho de los sueños de toda la vida.
Me digo adiós y respiro feliz el aroma del mar.

*  *  *

No siempre llega así. 
A veces lo hace cuando estoy alegre y despreocupada.
Asalta como un delincuente. Arrastra con violencia.
Soy un país incierto, sin guerreros que me defiendan ni fortalezas que no caigan.
¿Para qué los muros que día a día construyo como una artesana?
No golpea la puerta ni pide permiso. Es el verdugo que encuentra lo que busca como si no hubiera obstáculo alguno.
No pide permiso. Invade.
Entonces me entrego como una condenada. Sé que el pasado estará siempre ahí.
Esperándome.


Martha Goldin
Buenos Aires, Argentina

Juan Ramón Jiménez Simón


Sonata de sonámbulos…

Del sueño te consigo
cuando el umbral se abre a ti,
los tiempos son todo,
y nada, como un instante
eterno que se hace finito
de lealtades pasadas.
Con qué sonámbulo deleite
te introduces en la niebla
estrecha de un abrazo
con tu sangre, y que tu alma
busca en la memoria
desvaneciéndose en ella
y quedando en la sombra.
La noche te despoja
de los truncos reflejos
de la verdad, tan íntimo
como intemporal
en su nombre,
desde los cuartos de arriba
donde la vista alcanza
al otro lado del muro.
Luces fugitivas,
de trazos y de letras,
en el primer bostezo
de una estrella
que lleva a la raíz
un pronombre
que es el mar, lo sé,
en la impaciencia de una lágrima
sostenida en la escucha
del amor,
en otro tiempo,
imaginando posibles
de vernos una tarde
en los ventanales
de un ‘te daré’.
En la distancia del ahora,
tan cerca como real,
la geometría se desnuda
en descalzados tiempos,
donde solo se está
en los ritmos inmortales,
como en un beso…


Juan Ramón Jiménez Simón
Sevilla, España

Ana Barchuk de Rodríguez


La casa de Elena

Dicen que es blanca
con la cabeza de paja.
Dicen que es cuadrada
y asusta al que pasa.
Dicen oír cadenas
en noches de tormentas.
Te invito a mirarla
queda muy cerca.
Dicen que son buenas
las ánimas que vuelan.
Dicen que son almas
que andan en pena.
Con la luna llena
ventanas abiertas
suben y bajan
por las escaleras.
Cuentan abuelas
que es la ahorcada
y la hija de ella.
Apagan las velas
hasta en la vereda.
¡Te invito a mirarla
queda muy cerca!...

Te invito a mirarla


La casa y la luna

Veo la casa y la luna.
La luna sobre la casa
y la casa bajo la luna.
Es tan blanca la casa
y es también la luna.
¿Por qué me acompañas
                              luna
si me alejo de la casa?
¿Por qué te detienes
                               casa
si me acerco a la luna?


Ana Barchuk de Rodríguez
Misiones, Argentina

Álvaro Acevedo Merlano


El precio de la semiosis

Pronto llegará el momento
de saldar la deuda por nuestra arrogancia
de pagar por aquello que nos jactamos
al dar significado a nuestra realidad
de aceptar el precio justo sobre
nuestras ambiciones semiósicas.

Luego que agotemos los recursos
para atribuirle un sentido a la existencia
una tragedia a una suerte de Hamlet
nos destrozará el pensamiento
nos mostrará que, a pesar de todos nuestros símbolos
no somos más que un aglomerado temeroso
de aceptar las respuestas teleológicas sobre el ser.

Pero más allá de lo que podría creer
existe una necesidad básica
más allá de lo que me gustaría pensar
existe un deseo banal
más allá de lo que debería aceptar
existe un “por qué”
y después
solo después de todo eso
el existir tiene un significado
¿Tiene un significado?


Álvaro Acevedo Merlano
Ciénaga Magdalena, Colombia